Resumen
Partimos del hecho de que, al igual que en otras áreas del
conocimiento, en los últimos 40 años las ciencias de la educación han avanzado
más que en el resto de la historia. Sin embargo, hay sectores sociales que, con
una falta de perspectiva histórica notable, achacan todos los males de la
educación actual, reales o atribuidos de forma interesada, a las ideas
pedagógicas que se han ido desarrollando a lo largo de estos años. A nuestro
juicio esto responde a intereses espurios totalmente ajenos a la educación o
bien, en el mejor de los casos, a la ley psicológica de la resistencia al
cambio.
Pensamos que, como en cualquier otro campo del saber, los
cambios y las mejoras en educación no sólo son necesarios sino inevitables. Por
tanto, plantearnos que los problemas educativos actuales son consecuencia de
variables como la falta de autoridad del profesor, el poco respeto del
alumnado, el bajo nivel de conocimientos de la mayoría, la educación no
diferenciada para niños y niñas, etcétera, es demasiado simplista y supone una
imposible vuelta atrás. El principal problema reside en la adaptación de todo el
sistema educativo y, especialmente, de los responsables políticos y de los
profesionales a los vertiginosos cambios sociales, tecnológicos y de valores en
nuestro mundo.
Conclusión
Dentro de los múltiples cambios necesarios en la educación,
el cambio de rol de los docentes no es el menor y sí probablemente uno de los
más complejos. Las denominaciones que ha tenido esta profesión han sido muy
variadas a lo largo de la historia: mentor, preceptor, maestro, profesor,
enseñante, instructor, pedagogo, guía, docente… En cada época, o según la edad
del alumnado, se ha utilizado con más frecuencia una de estas acepciones porque
se ha querido enfatizar alguna de las múltiples facetas que encierra. No
queremos entrar en una cuestión nominalista sino de fondo; nos es indiferente
el nombre que utilicemos; lo importante es su significado para nosotros. Y la
pregunta clave es ¿qué rol fundamental debe desempeñar el profesional de la
educación en la sociedad del siglo XXI?
La función más comúnmente aceptada tanto por los docentes
como por la sociedad en su conjunto es la de ser vehículos y transmisores de
conocimientos, de cultura, de saber. Este rol –significado en la denominación
de enseñante o de profesor– cada vez va a ser más superfluo e innecesario
porque los conocimientos están a disposición de cualquier persona gracias a la
generalización de las nuevas tecnologías. Por tanto, la función esencial del
profesional de la educación debe necesariamente cambiar: deberá extenderse
hacia otros campos, tendrá otros condicionantes y otras tareas. Ello nos lleva,
sin duda alguna, como ya advierten muchos autores, a una verdadera redefinición
del rol docente.
González Pérez; A Solano Chía J.M. (2012). De profesor a educador: Los cambios de rol. Crítica.
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