martes, 14 de mayo de 2019

La organización del espacio por ambientes de aprendizaje en la Educación Infantil: significados, antecedentes y reflexiones.

En estos últimos 10 años se han ido generando en nuestro contexto, experiencias en Educación Infantil centradas inicialmente en una nueva organización y distribución de los espacios del centro pero que conllevan innovaciones metodológicas y cambios educativos importantes. Ya son muchos los centros que incorporan el trabajo por ambientes en su proyecto. Esta propuesta espacio-temporal-relacional implica en muchos casos un replanteamiento del proyecto educativo, de manera que la escuela se va transformando en un sistema más abierto, flexible y dinámico. Seguramente, en cada centro, el trabajo por ambientes tiene una organización particular y encontramos posiblemente diferencias significativas. A lo largo de este artículo exploraremos algunos de los significados y antecedentes implícitos en esta metodología de trabajo con la intención de ayudar a esclarecer, a contextualizar y reflexionar sobre esta práctica educativa. 

Entender el espacio como ámbito desde la perspectiva de López Quintas (1987, 2009) es entenderlo no como un simple cubículo sino como una red de relaciones entre adultos, niños, objetos materiales y acontecimientos. El espacio como estructura espacio-temporal que conecta los acontecimientos es lo que el autor denomina ámbito. Así, el ámbito se entiende como lugar habitable de encuentro, como espacio dinámico, interrelacional a partir de relaciones móviles y dinámicas que se van transformando y modificando, invitando a la complejidad de las actuaciones de los niños y adultos que lo habitan. Desde la pedagogía Reggiana se recoge esta idea del espacio ambital entendido como vínculo y conexión en el diseño de sus escuelas. Lo podemos entender como un espacio dinámico, interrelacional, cualificado y abierto a las posibilidades múltiples de las actuaciones humanas, a las cuales da sentido existencial (…). Una habitabilidad espacial que -para Malaguzzi- realza una arquitectura cultural que decide la cualidad del trabajo de los adultos y la cualidad de la vida de los niños (Hoyuelos, 2006, p. 76). Entender el trabajo por ámbitos se refiere también a organizar los espacios de tal modo que ayuden a crear conexiones entre las experiencias educativas.

López Quintás (2009) habla de la condición ambital de la vida humana, refiriéndose a la idea de que el ser humano convierte los espacios en ámbitos porque es “un ser que habita” y que crea, por necesidad ineludible, ámbitos de encuentro y convivencia. Si observamos cómo los niños utilizan los espacios veremos su gran capacidad de construir y deconstruir ámbitos. En algunos momentos, utilizan los espacios con la misma finalidad para la que habían sido diseñados, pero otras veces, modifican totalmente su función. Malaguzzi cree que las criaturas tienen derecho a participar de un ámbito capaz de solicitar y de convertirse en un interlocutor complejo de esas capacidades para que éstas se puedan, cualitativamente, expresar y desarrollar profundamente (Hoyuelos, 2006, p. 73). En este sentido, Ceppi y Zini (1998) se refieren a la idea de epigénesis como la cualidad de los espacios para modificarse favoreciendo la capacidad de los niños de transformar y modificar el ambiente en el que se encuentran. “La escuela se concibe como espacio dinámico y cambiante que se transforma y acopla a las necesidades de sus habitantes” (Riera, 2005, p. 34).


Jaume, M. A. R., Ribot, M. F., & Mas, C. R. (2014). La organización del espacio por ambientes de aprendizaje en la Educación Infantil: significados, antecedentes y reflexiones. RELAdEI. Revista Latinoamericana de Educación Infantil3(2), 19-39.

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