Resumen
Sabemos que la educación construye al futuro y, sabemos
también, que el profesorado, su principal agente, es, consecuentemente, una
pieza clave en la consolidación de una sociedad democrática. En este sentido,
el docente no puede saberse formado, sino que ahora más que nunca es
indispensable continuar formándonos para el desempeño, por otro lado, cada vez
más difícil, de la tarea educativa. Así mismo, la formación es, por supuesto,
un deber ineludible de todo profesional ante los cambios que se van produciendo
en el seno de su trabajo; en nuestro caso, la escuela infantil. El concepto de
formación ha sido el espejo en el que se ha ido reflejando el proceso de
cambios producidos en la educación. Pensamos que la formación se desarrolla
dentro de una cultura profesional y en función de un contexto, desarrollo de
competencias, procedimientos y estrategias necesarias para apoyar la
intervención en las aulas. Un buen modelo de formación debe tener en cuenta el
tipo de profesorado y prácticas educativas de cada centro. La experiencia
docente nos enseña que la teoría por sí sola no representa un cambio automático
en la práctica, ni siquiera la incorporación de las tecnologías de la
información y la comunicación, tampoco la aparición de nuevos decretos, ni los
modelos de formación traídos por agentes externos para que sean aplicados en el
centro. «La transformación debe producirse desde dentro, desde la reflexión, el
compromiso y el deseo de cambio para la mejora» (Alarcón, 2012, p. 103).
Conclusión
En este articulo se presenta la
visión de lo que se entiende como clave de la construcción de una escuela
infantil de calidad y futuro: la formación permanente del docente. Ya que
compartiendo la idea que plantea Zabalza respecto a este tema, «la cuestión de
la calidad de la Educación Infantil, nos lleva de forma directa a la formación
del profesorado» (Zabalza, 2013, p. 49). Sin duda, la calidad de nuestras
prácticas educativas pasa por la reflexión sobre ellas y la ilusión por cambiar
y mejorar. Es poner en marcha el principio educativo de investigación-acción.
Este hecho derivaría de un espíritu crítico y de un saberse en continuo
aprendizaje en nuestra profesión. La formación del profesorado debe estar
encaminada a mejorar las prácticas educativas, desde sus realidades concretas y
orientadas a una mayor calidad de los aprendizajes del alumnado. Por tanto,
tenemos que poner en marcha procesos formativos que, partiendo del análisis de
las prácticas, permitan la reflexión compartida y que propongan alternativas de
mejora. Debemos desarrollar procesos de autoevaluación, no solo de objetivos y
finalidades, sino también de procesos para establecer líneas de actuación y
mejora.
Vivar, D. M., & Lacal, M. R. P. La formación permanente del profesorado: clave para construir una escuela infantil de calidad. RELAdEI. Revista Latinoamericana de Educación Infantil, 4(1), 193-209.
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